, estudiante de , ganó el Premio Fundación Ernesto y Elena Benedek 2020.
Cuando habla de Lola, a Josefina MartÃnez le cambia la cara, su mirada se ilumina. Josefina es estudiante de IngenierÃa Electrónica y ha convivido durante nueve meses de este difÃcil 2020 con Lola, una perra guÃa de la fundación en proceso de socialización. Por su ejemplo de sensibilidad y compromiso social, Josefina Martinez ha sido galardonada con el Premio de la Fundación Ernesto y Elena Benedek. La ³Õ¾±³¦±ð°ù°ù±ð³¦³Ù´Ç°ùò¹ de la Comunidad Universitaria entrega este premio desde el año 2016 con el objetivo de fomentar la cultura de promoción y protección de los animales en la Âé¶¹Çø.
Josefina recuerda cómo empezó todo: “Todo surge en un evento en el que habÃa un cachorro diminuto, Isa, una labradora chocolate que iba a formar para convertirse en perro guÃa. Me llamó la atención, la seguà por Instagram, vi el proceso que seguÃa con su socializadora, la fui siguiendo. Me fue copando y en un momento determinado decidà que querÃa hacer lo mismo”.
Tras un lento proceso de varios meses, con varios requisitos y entrevistas, Josefina recibió a Lola en noviembre de 2019 y convivió con ella hasta diciembre de 2020.
“Tengo dos perras más, Ciencias y Celeste. Ciencias es una perra callejera que fue encontrada en la Facultad de Ciencias, de ahà el nombre, hace unos diez años. Celeste también es callejera, la encontramos el dÃa del primer partido del mundial de 2014, en la calle. Y también tengo un gato, ValentÃn, que no tuvo nombre hasta que una amiga que se llama Valentina decidió ponerle ValentÃn (rÃe)”.
¿Qué tal se llevan todos juntos?
Ciencias y Celeste se llevan muy bien, y ValentÃn se cree perro (rÃe) asà que también se lleva muy bien. La entrada de Lola fue difÃcil, no fue sencilla porque las perras duermen fuera (yo tengo jardÃn), Lola tenÃa que dormir adentro y habÃa un poco de celos, pero con el tiempo se acostumbraron.
Josefina explica que el proceso de socialización de un perro guÃa dura entre nueve y quince meses. A los tres meses de nacer se les asigna el socializador. “ busca socializadores, que es el rol que yo cumplà con Lola. Dejan al perro un año con la persona que se les asigna para que aprenda lo que se llama “obediencia básica”: que se sienten, que se echen, que respondan al nombre, que se queden quietos…”. Tras esta etapa vuelven a la Fundación e inician una segunda etapa con entrenadores de perros guÃa, hasta asignárseles a la persona a la que acompañarán por el resto de sus vidas. “Hay dos tipos de usuarios receptores de perro guÃa” señala Josefina. “Puede ser un niño con trastorno de espectro autista o una persona no vidente o de baja visión. Los perros que se dan para cada uno de los casos son perros entrenados de manera diferente”. Lola acompañará a una persona de baja visión o no vidente.
¿Cómo es Lola?
¡Qué pregunta! Lola es única. Es especial. Cualquier persona que la conoce, la mira a los ojos y tiene una expresión en la cara. No sé si humana es la palabra, pero es expresiva, te transmite sentimientos. Siempre te está escuchando, observando. Es muy atenta. Tiene una mirada muy profunda. Es muy enérgica también, muy intensa. Necesita estar en contacto contigo todo el tiempo, estarte mirando. Superinteligente, obediente. Esto último supuestamente es una caracterÃstica de la raza labrador”
Al principio era un poco agotador. Porque era 24 horas al dÃa, siete dÃas a la semana. Y después, como que fui ganando esa paciencia y me fui encariñando. Obviamente cuando dejé de estar con ella fue algo de lo que me costó desprenderme. SalÃa de mi casa y sentÃa que me faltaba algo, que me estaba olvidando de algo, y era Lola. Como que ya tenÃa esa necesidad de estar todo el tiempo con alguien”.
¿Qué aprendiste de ella?
Mucho compañerismo. La paciencia que nos tienen. Tras pasar por el proceso de Lola me empecé a dar cuenta de que a los perros no les molesta estar ahÃ, quieren estar ahà [junto a su amo]. Yo con Lola pasaba 24/7, todos los dÃas a toda hora, y siempre estaba ahÃ. Y eso no es normal, por lo menos no en los seres humanos: nosotros nos ponemos de mal humor. De una forma empecé a adquirir esa paciencia porque también yo tenÃa que estar con ella. Gané esa paciencia, como ese compañerismo de estar ahà y empezarlo a disfrutar”.
Esa paciencia y compañerismo de estar siempre acompañada fue lo que más gané. Fue algo superlindo, que lo hice como a la fuerza en cierta manera pero sin duda fue algo bueno. Aprendà a estar todo el dÃa acompañada y a dar compañÃa todo el dÃa y estar ahà siempre para ella.
Mi madre decÃa: “qué embole ser perro guÃa, tenés que estar todo el dÃa con otra persona” (rÃe) y yo pensaba: "el sueño de cualquier perro es estar siempre con su dueño". Vos llegás a tu casa y el perro te hace fiesta, te vas y el perro llora. Creo que en realidad viven el sueño de cualquier perro. En realidad la cantidad de tiempo que están trabajando es muy poco, cuando el dueño se traslada de un lugar a otro, que les ayudan a caminar sin cruzarse con ningún obstáculo. Cuando el usuario está sentado o en reunión el perro está ahÃ, y creo que es lo que más disfrutan.
Con respecto a las cualidades que debe tener alguien que se plantee socializar a un perro guÃa, Josefina considera que “hay que estar muy dispuesto a tener paciencia y a aprender. Yo no era muy paciente, sinceramente. Gané un montón de paciencia. Y estaba dispuesta a aprender, a mà me fascina aprender. En el proceso vas entendiendo a tu perro porque todos los perros son diferentes. Tenes que estar atento a escucharlo, a observar los movimientos, a empezar a entenderlo, para que la convivencia sea agradable para los dos”.
Preguntada por el momento en que ambas tuvieron que despedirse, Josefina destaca que cuando vas a buscar al perro el primer dÃa, el socializador sabe que “en determinada cantidad de meses ya no lo vas a tener más”, y que “estás haciendo eso porque otra persona necesita a ese perro”. “Y creo que esa es la parte más importante y la que no podemos perder de vista. O sea, yo voy y hago esto no porque quiero tener a un perro al lado mÃo todo el dÃa sino porque hay una persona que necesita un perro guÃa. Cuando fui a entregar a Lola fui llorando, pero al ratito se me pasó, porque en realidad era como esa angustia de dejarla de ver, pero no perdÃa de vista que yo esto lo estoy haciendo por otra persona, porque en realidad ella va estar con otra persona que la necesita”.







