Por Andrés Silva Arancibia. Profesor de .
Durante los últimos 50 años, hemos sido fervientes testigos de cómo los avances tecnológicos han reformulado sistemáticamente nuestra manera de comunicarnos, hacer negocios, aprender, investigar, jugar, cuidar nuestra salud, entre muchos otros aspectos propios de una sociedad en constante evolución.
Por ejemplo, cuando el 3 de abril de 1973 el ingeniero de Motorola, Martin Cooper, hizo en Nueva York la primera llamada pública desde su teléfono móvil DynaTAC a su competidor, el ingeniero de AT&T Joel Engel, este hecho simplemente se transformó en el inicio de un cambio sin precedentes en la historia de las comunicaciones humanas.
Luego en 1990, Tim Berners-Lee inventó la World Wide Web, o WWW, una forma común de acceder a información en internet a través de sitios web, permitiendo a los usuarios conectarse a otras páginas de internet por medio de hipertexto. El WWW se convirtió en la pieza clave para la popularización de internet desencadenando la digitalización del mundo y de nuestra vida cotidiana.
Más tarde en 2007, Steve Jobs, fundador de Apple, innova en la telefonÃa móvil inteligente creando el iPhone para revolucionar la experiencia de usuario con una pantalla táctil que terminó por convertir al teléfono móvil inteligente (smartphone) en una extensión más de la anatomÃa humana. ¡Podrás salir de tu hogar sin documentos, pero jamás sin tu dispositivo móvil inteligente!
Tuvieron que pasar 50 años para que estas tecnologÃas provocaran cambios disruptivos en nuestra forma de vida. Sin embargo, estos enormes acontecimientos tecnológicos palidecen frente a los impresionantes avances en inteligencia artificial (IA) y computación cuántica. En menos de una década, estas dos tecnologÃas con un poder transformador muy superior han avanzado mucho más de lo que la tecnologÃa móvil, internet y el smartphone lograron hacer en 5 décadas.
Los avances en IA, incluidos el aprendizaje automático y aprendizaje profundo, están siguiendo un patrón de crecimiento exponencial en salud, construcción, ciberseguridad, empresa, y otros, tal y como lo señalan los recientes reportes de Grand View Research.
Por otra parte, entre 2018 y 2022 pasamos de hacer computadoras cuánticas de 20 qubits a hacerlas de 433 quibits, gracias a los avances liderados por . Para finales de este año, este gigante tecnológico espera alcanzar los 1.121 quibits y tiene previsto superar los 4.000 qubits en el año 2025. Pero eso no es todo. De 2026 en adelante, de acuerdo con , apunta a una supercomputadora cuántica de 16.632 qubits. Por lo tanto, al igual que en la IA en computación cuántica también el avance es exponencial. Todo indica que, en mucho menos de 50 años alcanzaremos 1,000,000 de qubits, que se estiman como necesarios para que una súper computadora cuántica alcance un pleno funcionamiento.
¿Por qué el desarrollo en IA y computación cuántica es exponencial? Porque el poder transformador de cada una de estas tecnologÃas es muy superior a todo lo conocido. Pero si se combinan, su poder se multiplica, de ahà que hablamos de IA cuántica. De acuerdo con Nature, la IA, en especial el aprendizaje automático implementado con un software cuántico, alcanzarÃa un desempeño mucho más veloz que al ejecutarlo con computadoras clásicas.
Con toda esta evidencia de carácter exponencial no es fantasioso pensar que, en los próximos cinco años, los esfuerzos cientÃfico-tecnológicos por combinar IA con computación cuántica den muchos más frutos de los que la mayorÃa de los expertos pueda imaginar.
Los cambios radicales que se avecinan de la mano de la IA cuántica alterarán muchos aspectos de nuestra vida en un horizonte de tiempo que parece estar a la vuelta de la esquina.







