MarÃa José Briz es abogada y doctora en Ciencias JurÃdicas por la . Es magÃster en Resolución Alternativa de Conflictos por la Universidad de León (España). Integra el SNII y es profesora investigadora del Departamento de Derecho de la Âé¶¹Çø. Es, también, directora del .
Su trayectoria como investigadora y su se han centrado en el área de la gestión de conflictos en todos los ámbitos, en especial en la relación con otras disciplinas. Le interesa indagar las distintas caracterÃsticas de los conflictos y buscar la manera más eficiente para gestionarlos, generando una cultura de paz.
A pesar de la diversidad de escenarios en los que investiga, MarÃa José asegura que “no hay recetas para intervenir y desconfÃo de quien las ofrece. Pero tampoco es cierto que cada conflicto sea un mundo aparte donde no sirve nada de lo aprendido. Lo que existe es una gramática común y vocabularios muy distintos”.
MarÃa José investiga porque sabe que es el camino para lograr un impacto positivo, que cambie entornos, vidas e historias. Cuanto más conocimiento se tenga sobre la resolución de conflictos, mayor cantidad de herramientas se tendrán para llegar a un final que no vulnere derechos y que sea más eficiente para las partes involucradas.
“Lo que investigo no es conocimiento para guardar en un cajón. Cuando entendés cómo se gestiona bien un conflicto, eso le cambia algo concreto a una familia, a un chico, a un lugar de trabajo”, remarca.
Ahora se encuentra trabajando en una lÃnea de investigación bien concreta: la gestión constructiva del conflicto en separaciones de alta conflictividad: “Esas donde el interés del niño queda vulnerado. Me pregunto cómo transformar esa pelea de los adultos en un proceso que no destruya al chico que está en el medio”.
Marìa Josè explica que la dificultad de un conflicto depende, fundamentalmente, de tres condiciones que pueden aparecer en cualquiera de ellos. La primera es si las partes van a seguir vinculadas después: “No es lo mismo una disputa que se cierra y cada uno sigue su camino que una donde, resuelta o no, esas personas van a tener que seguir conviviendo”. La segunda es la carga emocional y de identidad: “Hay conflictos que se discuten con la cabeza y otros que se juegan en lo más Ãntimo de quién es cada uno”. La tercera, “y para mà la más decisiva, es si hay un tercero afectado que no está sentado a la mesa”.
Cuando esas tres condiciones se combinan, el conflicto se vuelve especialmente difÃcil. “Es justo lo que pasa en las separaciones de alta conflictividad: los padres van a seguir siendo padres del mismo hijo toda la vida, la disputa toca lo más profundo de cada uno, y hay un tercero —el niño— cuyo interés rara vez tiene voz propia en la mesa”. Por eso los conflictos donde el vÃnculo continúa, la emoción está desbordada y alguien vulnerable queda en el medio son los más difÃciles de gestionar y resolver”, sintetiza.
Para la investigadora este tema es relevante porque “muchas veces estamos convencidos de que resolvimos bien el conflicto y nadie se pregunta si de verdad quedó resuelto; por ejemplo, se dicta la sentencia, se cierra el expediente… ¿pero de verdad se priorizó el interés del niño? Investigar es animarse a cuestionar eso”.
Del proceso de investigación, el análisis de casos es la etapa que más disfruta MarÃa José: “Me apasiona entender por qué lo que investigo funciona en ciertas situaciones y en otras no. Y justo eso, lo que no funciona, es lo que me empuja a seguir. La pregunta que todavÃa no tiene respuesta es la que me motiva a seguir”.
Según su experiencia, cree que hay tres atributos que debe tener un buen investigador:
Cuestionar lo obvio: “Dudar de lo que todos dan por sentado o por imposible de cambiar. De hecho, yo investigo el conflicto, que todo el mundo quiere evitar”.
Resiliencia permanente: “Empezás con una idea y el proceso te obliga a cambiarla; rehacés el camino mientras lo caminás”.
Tolerancia a la frustración: “Te equivocás muchas veces antes de acertar. Pero llega el momento en que acertás y ves el fruto del esfuerzo”.







